viernes, 5 de junio de 2009
VERBO Y PREDICADO
Había una vez un rey. Este rey tenía una hija llamada Dánae. Como un oráculo había vaticinado al monarca que su nieto lo mataría, el rey encerró a su hijaen una torre. Dánae no veía a nadie en todo el día. Pero el dios Zeus se encaprichó con la joven y consiguió fecundarla en forma de lluvia de oro. Dánae se quedó embarazada y, al cabo de un tiempo, tuvo un hijo. Este hijo se llamó Perseo.
Varios pintores han inmortalizado esta escena en cuadros memorables. Los de Tiziano y Gustav Klimt son tal vez los más conocidos.
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Bien hecho, Eva.
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